No elegí la tanatología por casualidad
No elegí la tanatología por casualidad; la vida me fue preparando para ella.
Mis abuelas me enseñaron que el amor permanece, incluso cuando alguien ya no está físicamente. Con ellas aprendí que despedirse también puede ser un acto de gratitud y que los recuerdos son un refugio para el alma.
Después llegó la historia de Esteban. El miedo, la incertidumbre, las lágrimas y la esperanza me transformaron. Descubrí que el duelo no solo nace con la muerte; también aparece cuando una enfermedad cambia la vida, cuando los sueños se detienen y cuando el corazón necesita aprender a sanar sin dejar de amar.
Hoy acompaño a otras personas porque conozco el dolor desde un lugar muy humano. Mi propósito no es borrar el sufrimiento, sino caminar a tu lado hasta que encuentres nuevamente la fuerza para levantar el vuelo.
"Cada pérdida puede convertirse en el inicio de una nueva forma de vivir con amor, esperanza y significado."
— Soy Daniela Calvario, y en Alas para Sanar creo justamente eso.